PESE A CARENCIAS,BRINDAN COBIJO A NIÑAS MALTRATADAS
Aunque les sobra el amor, a veces las ganas de ayudar no son suficientes, por lo que albergues como La Casita de Santa Clara de Asís enfrentan serias crisis económicas.
Ahí viven 18 niñas rescatadas de situaciones de abuso y maltrato.
Ellas sufrieron violencia cuando estaban con sus familias y cuatro enfrentan otros problemas porque son de lento aprendizaje. Una más es sordomuda.
El lugar tiene cinco años operando con donativos de asociaciones civiles que –aseguran los encargados– son insuficientes para cubrir sus necesidades, por lo que piden ayuda de otros grupos o de particulares.
Laura Espinoza es la directora de la institución, que es parte de la Asociación Signos de Amor de Monseñor Mariano Mosqueda.
“Tenemos 18 niñas de entre cuatro y 12 años, y estamos pasando por una situación económica difícil, porque hay recibos qué pagar, comida qué conseguir y otras cosas”, expresó.
“Fui a la Feria a pedir apoyo, me preguntaron qué sabían hacer mis niñas, que si cantaban o bailaban. O sea, pensé, que si no cantan ni bailan no comen; yo les dije que no hacen ni una cosa ni otra, que estamos armando este lugar y que necesitamos ayuda para crecer; finalmente no nos apoyaron”, relató.
La casita se encuentra en Jilotepec número 7027, una cuadra al oriente de la avenida Tecnológico, en el fraccionamiento Del Real. El teléfono del lugar es el 208-90-08.
Espinoza mostró el interior del albergue, que muestra en sus dos plantas daños significativos en pisos y paredes, así como una evidente falta de mobiliario y enseres.
“Nuestras niñas han sido maltratadas y explotadas, nos interesa que la gente venga y las conozca, que sepan que existimos y que las niñas están vivas y tienen necesidades que hay que cubrir, que están mejor aquí que afuera y en riesgo”, manifestó.
Entre las menores que se hospedan en la casita están cuatro de lento aprendizaje y Diana, de 11 años, quien nació sordomuda y fue recogida por el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), debido al abuso que sufrían ella y su hermana de 12.
“No habla y siempre estará en tratamiento; los psicólogos que la están atendiendo dicen que nunca aprenderá a leer ni a hablar bien. Las dos hermanas están para adopción, pero por su edad no las aceptan tan fácilmente, y probablemente tengan que quedarse aquí”, dijo la encargada.
Diana volteó en ese momento desde su lugar en la mesa donde comía junto con las otras niñas. La bonita sonrisa y los saludos efusivos que envió con sus manos en nada reflejaban lo que alguna vez vivió.
Espinoza contó que el centro se sostiene exclusivamente con los donativos en dinero y especie que reciben de organismos como Fondo Unido, asociación civil que agrupa a varias maquiladoras.
Pero con frecuencia esas aportaciones son insuficientes para cubrir el pago de los recibos y gastos por alimentos, por lo que dijo esperar que hacer pública la existencia de la casita comience a generar los apoyos que tanto necesitan.
TecnoSord
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