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CERCO DE ISRAEL EN GAZA DEGRADA A CIUDADANOS A RECEPTORES DE AYUDA

Desde el cierre de todos los cruces fronterizos por Israel y Egipto a mediados de junio, prácticamente ningún suministro comercial ingresa a la Franja de Gaza. La medida se justificó con la violenta toma de poder por parte Hamas.

Hace pocos días Geraldine Shawa, directora del centro para sordos Atfaluna en Ciudad de Gaza, realizó un triste descubrimiento al observar el patio escolar: los niños reunidos allí en el recreo no llevaban puestos sus audífonos.

“No tenemos más baterías”, señalaron los alumnos sordomudos en lenguaje de signos cuando la directora les preguntó al respecto. El último suministro de pilas entregado por organizaciones extranjeras se encuentra desde hace tiempo en una oficina de correos israelí, según supo Shawa, de origen estadounidense y que vive hace 36 años en Gaza.

Desde el cierre de todos los cruces fronterizos por Israel y Egipto a mediados de junio, prácticamente ningún suministro comercial ingresa a la Franja de Gaza. La medida se justificó con la violenta toma de poder por parte del movimiento radical islámico Hamas. Sin embargo, Israel destacó que sigue permitiendo el ingreso de las provisiones humanitarias a la región costera del Mediterráneo.

Sin embargo, las baterías para los audífonos de los 270 alumnos y 70 colaboradores sordomudos de la cooperativa de artesanía adjunta al centro no llegaron a su destino.

Ya antes del actual boicot económico la Franja de Gaza era un asilo de pobres. Aquí viven 1.4 millones de personas, de las que un millón son refugiados. Nadie pasa hambre, porque la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Cercano Oriente (UNRWA) ayuda a todos aquellos que no pueden mantenerse por sí mismos.

También las redes de ayuda islámica se extienden entre la gente, una de las razones por las que Hamas no solamente pudo convertirse en un factor de poder armado, sino también gozar de cierto respaldo entre la empobrecida población.

Sin embargo, la pobreza crece con cada medida de castigo adicional de Israel. Mohammed Abu Shamala, de 33 años, tenía un trabajo con un salario decente como capataz en una fábrica textil en la Ciudad de Gaza, pero hace un mes el dueño se vio obligado a cerrar la industria porque ya no llega materia prima a través de la frontera cerrada por Israel.

Desde entonces, Abu Shamala está desempleado. Su hermano Osama administra una tienda de artículos de baño. Cuando haya vendido el último difusor de ducha, también él deberá cerrar. Ya ahora apenas tiene ingresos. Por primera vez en su historia familiar, los Abu Shamala se han anotado en la lista de la UNRWA como receptores de ayuda humanitaria.

El miércoles, Israel anunció la limitación de los suministros de electricidad y combustible a Franja de Gaza. El Estado judío calificó a la zona de “entidad enemiga”, argumentando que milicianos palestinos lanzan una y otra vez cohetes contra localidades limítrofes israelíes. Geraldine Shawa está indignada: “La gente común que sufre este castigo colectivo no tiene la menor influencia sobre los milicianos”.

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