LOS ESCOLARES DE LARDERO APRENDEN A COMUNICARSE CON UN COMPAÑERO SORDO

La clase de quinto de Primaria, incluida la maestra, dedica media hora semanal al estudio del sistema bimodal, que simultanea los lenguajes oral y gestual Los profesores destacan la «asombrosa integración» e «increíble capacidad de adaptación» del alumno.
Abre comillas con los dedos. «Índice y pulgar a la nariz y un breve aleteo, codo derecho sobre palma izquierda y giros de muñeca». Cierra comillas, también con los dedos. Enrique es un niño gitano de diez años y está a punto de comenzar la narración: el título, ya lo ha dicho, es ‘El pájaro y la flor’. Sus compañeros prestan atención: escudriñan las manos de su compañero, también sus labios. Repiten sus gestos. El silencio reina en la clase y, sin embargo, la fábula continúa.
La escena, aunque insólita a primera vista, es habitual en quinto de Educación Primaria del colegio público Eduardo González Gallarza, ubicado en Lardero. Enrique es sordo: padece una deficiencia auditiva severa y congénita. Aunque sus oídos apenas son capaces de registrar sonido alguno, tiene un montón de amigos, charla con ellos con desenfado, asiste a clase con regularidad y está a punto de convertirse en el fichaje de temporada del equipo de fútbol escolar.
El aprendizaje
La clave del misterio reside en el sistema bimodal, un lenguaje que simultanea signos orales y gestuales y que posibilita la comunicación entre Enrique y sus compañeros. Toda la clase, incluida la profesora, dedica media hora semanal al aprendizaje del método. Comenzaron con los conceptos más sencillos y cercanos. Ahora, todos son capaces de contar un cuento sin utilizar un solo sonido y, lo que es más importante, cuentan con las herramientas necesarias para charlar con su compañero y amigo.
Enrique ingresó en el colegio en el curso 2001-2002: tenía cuatro años, no conocía el lenguaje oral y nunca se había sometido a proceso alguno de estimulación auditiva. En ese momento, se planteó el reto de enseñarle un código que le permitiese comunicarse con los demás. En esta línea, Marisa Benito, profesora de Audición y Lenguaje, e Inmaculada de Prado, especialista en Pedagogía Terapéutica, destacan «la constante voluntad comunicativa» y «la increíble capacidad de adaptación» que permanentemente muestra.
El aprendizaje del lenguaje bimodal comenzó entonces para todos los estudiantes de la clase. Actualmente, Enrique pasa la mayor parte de la jornada escolar en el aula con sus compañeros. En opinión de su tutora, Micaela Pinillos, la integración es «total y absoluta». Hace unos meses, recuerda, Enrique entró en clase, se dirigió a ella y le espetó que quería jugar a fútbol, que con quién tenía que hablar y cuánto había que pagar. Pocos días más tarde, acompañaba a sus compañeros de equipo.
Las paredes del aula están decoradas con trabajos y murales alusivos al lenguaje bimodal y a los cuentos que los estudiantes narran con sus manos. Por lo demás, las clases discurren como en cualquier otro centro. Enrique se sienta cerca de la profesora. Tiene un estuche rojo articulado en dos pisos y multitud de compartimentos.
Sus profesores dicen que es trabajador y muy inteligente. Ahora, explica Pinillos, el objetivo fundamental es que aprenda a leer. Entre tanto, Enrique se prepara para debutar en el equipo de fútbol. Sus compañeros están encantados y están dispuestos a hacer de intérpretes hasta que el entrenador aprenda el lenguaje bimodal.
TecnoSord
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