CUENTOS SIN BARRERAS
Las aventuras de Pippi Calzaslargas han sido traducidas a sesenta idiomas diferentes, pero faltaba uno de vital importancia para un colectivo que en nuestro país integran un millón de personas con distintos grados de sordera: la Lengua de Signos Española (LSE). La obra, presentada en DVD -también con subtítulos y voz en off-, trata de convertirse en una herramienta pedagógica para incentivar la lectura entre los niños sordos, un colectivo que siempre ha tenido enormes dificultades para acceder a la cultura de forma lúdica.
Esta nueva herramienta ha puesto en evidencia otra realidad: la necesidad de recursos educativos de la comunidad sorda. No sólo para adultos sino, y sobre todo, para los más pequeños: faltan colegios bilingües, profesores especializados en LSE y libros -que como el de Pippi Calzaslargas- estimulen a los niños a la lectura y contribuyan a su pleno desarrollo. Con cuentos, como éste o como las aventuras de Don Quijote que también han sido traducidas a LSE, los más pequeños no sólo se divierten sino que aprenden, como el resto de niños oyentes, en valores, normas sociales, solucionan conflictos emocionales, descubren cómo es la vida en otros lugares… O sencillamente saben qué es un príncipe, una brújula o un castillo.
Otros recursos
Hasta ahora son muy pocos los materiales de este tipo que existen para acercar la cultura de una forma más amena a las personas sordas. Hay otros recursos para los más pequeños, como los famosos cuentacuentos, que narran relatos en lengua de signos desde librerías, bibliotecas, centros cívicos y colegios. Incluso ya hay museos que acercan sus actividades y exposiciones a la comunidad sorda a través de intérpretes en lengua de signos.
Pero no resulta suficiente. Hoy día, la LSE es utilizada por cerca de 400.000 personas. Y tienen también sus necesidades educativas y culturales. Por eso, «la demanda de profesores de LSE y colegios bilingües es cada vez mayor», afirma Arancha Díez, coordinadora de Familias y Educación de la Fundación CNSE (Confederación Estatal de Personas Sordas).
Demanda creciente.
Es sintomático que no se haya recogido el número de centros de estas características que hay en el país, lo que pone en evidencia la desprotección que sufre este colectivo. Hay comunidades autónomas, como Castilla y León y Castilla-La Mancha, donde los colegios bilingües incluso son pura anécdota. «Pero la demanda existe», como dice Arancha y lo ilustra con unas cifras: «En 2002, 9.000 familias se beneficiaron de un programa de la Fundación para aprender la lengua de signos. En 2007, fueron 60.000».
En estos centros los pequeños aprenden «tanto la lengua de signos como la oral, dependiendo del grado de sordera que posean -dice Arancha-. Y se necesitan profesores en LSE que no sólo enseñen a los niños, sino que los niños puedan ver en ellos su referente adulto para el futuro».
TecnoSord
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