«El flamenco está en manos de la política, y eso no va a cambiar» Eva Yerbabuena_Bailaora
Ya son diez años con la responsabilidad a cuestas de una compañía y como ella misma dice, con el «vértigo de pagar las nóminas», pero para Eva Yerbabuena 1998 fue un año que cambió para siempre su vida: «el día que decidí que tendría una compañía».
Esta noche en el Generalife de Granada dentro del Festival de Música y Danza, Eva Yerbabuena celebra el décimo aniversario de su compañía con un espectáculo único junto a artistas como Marina Heredia, Segundo Falcón, Arcángel y Miguel Poveda. Junto a Eva Yerbabuena, su marido, el guitarrista Paco Jarana, director musical de la compañía.
-Son diez años que han pasado volando, ¿ha aprobado usted?
-No le pondría una nota a los diez años. Creo que, como diría Paco Toronjo, a esto de la carrera de la mundología es muy difícil ponerle nota. Sí puedo decir que para mí son diez años muy intensos. «Eva» que estrené en la Bienal de Flamenco en 1998 fue el inicio, aunque hay que reconozco que el giro de conceptos fue en la Bienal del 2000 con el estreno de «5 Mujeres 5».
-¿Ha cambiado Eva Yerbabuena en este recorrido?
-Indiscutiblemente, aunque yo creo que las personas pueden cambiar poco. Lo que sí tienen de bueno estos diez años de compañía es que me han enseñado a dejarme llevar por la primera intuición y a estar más segura de mi instinto.
-¿En estos años ha habido alguna vez que seriamente haya pensado tirar la toalla?
-¡Uf! Sí, muchas veces. Es muy duro. A veces la gente no se da cuenta de que hay un personaje, en este caso Yerbabuena, que en mi casa si no es por Eva María Garrido no hubiera existido. Hay mucha gente que se acerca a ti sin importarle nada Eva María Garrido, y lo hace sólo por Yerbabuena. A mí, hoy por hoy después de diez años no me gusta.
-¿Por eso que no le ha dado nunca por cultivar la prensa rosa?
-No soy más famosa porque no quiero. Me paro a pensar muchas veces en que al final todo es mentira y estás sola. Cuando el «personaje» no está presente, nadie se acuerda de ti. Y yo no quiero que la gente conozca al personaje sino a Eva.
-Y ¿cuando se quita los tacones Yerbabuena vuelve a ser Eva María Garrido?
-Incluso antes. A veces Paco me riñe porque ya en el saludo no soy Yerbabuena, soy Eva. Me cuesta hasta saludar.
-¿Recuerda en el 98 la primera actuación de su compañía?
-Sí, teatro Lope de Vega, primera vez que me ponía una bata de cola, bailaba una granaína, y que montaba una bulería para los bailaores. Entonces no disfrutaba del baile. Yo creo que con «5 Mujeres 5» fue cuando me planteé que si me subía a un escenario lo hacía para disfrutar y si no, no me subía.
-¿Aún lleva esa libretita en la que escribe en cualquier lugar?
-Si. Llevo un tiempo sin escribir y seguramente empezaré ahora. Ya estoy con lo nuevo que quiero hacer.
-¿Puede contar algo de este nuevo proyecto?
-Se llama «Soledades» y trata sobre cómo pueden sentir el tiempo y la soledad personas que son ciegas o sordomudas, gente que para nosotros carecen de algunos sentidos. Me gustaría que estuviera listo para final de año.
-El flamenco de repente parece haber salido de los círculos de los «señoritos» para acabar estando en los de los intelectuales. ¿Dónde queda el público?
-Yo creo que ha llegado un punto que lo de señoritos e intelectuales es la tapadera. El flamenco está en manos del poder, como siempre. Por desgracia está en manos de la política. Eso no va a cambiar y es muy malo. Que el arte dependa de la política no está bien y no sé si tiene arreglo. Desde niña escuché a mi padre hablar de una cosa llamada libertad, en la que no creo. Yo la conozco un poco cuando me subo a un escenario. Ahí es el único lugar donde soy libre. No hay nadie en el mundo más libre que un artista que cuenta algo en un escenario y grita a los cuatro vientos lo que siente y lo que le parece. Es un tiempo del que tu eres dueño y señor.
-¿Se ha sentido agraviada por esa política?
-Todos lo hemos sentido, pero no tengo ningún miedo. Yo echo la persiana y doy clase o me pongo a limpiar, si es necesario. No tengo miedo porque si hay algo a lo que nunca me he querido aferrar es al punto del artisteo y el divismo.
-Desde fuera parece que lo divo y lo flamenco no casan.
-Pero sigue habiendo divos, o mejor dicho, gente que tiene poder y que por narices quiere a divos. En el momento en que una persona te contrata, sientes que te observa, y cuando descubre que eres una persona normal…, se decepciona.
-¿Qué le falta al flamenco?
-Infraestructura y que los flamencos pierdan el miedo a decir lo que piensan. Tendría que haber un teatro para el flamenco.
-Está el proyecto de María Pagés en Sevilla…
-Ojalá salga. Yo no soy nadie para decir lo que María debe hacer con el teatro, pero ojalá sea sólo para el flamenco.
-Parece que los artistas flamencos no se mueven mucho.
-Es que hay miedo y lo siguen teniendo incluso gente de distintas generaciones. Todo el mundo se calla y te dice que tienen trabajar y que tiene hijos… Ese miedo impide el cambio. La honra se la tiene que ganar uno, y yo no veo a los flamencos con ganas de perder el miedo y defender algo. Si supiera que hay gente dispuesta a luchar por esto, no me importaría tirar para adelante y ponerme delante de la puerta de quien sea con una pancarta. ¿Cuántos flamencos hay que se hayan puesto en huelga? Nadie, jamás. Estarán bien como están.
-Entonces, ¿qué futuro le espera al flamenco?
-Irregular. Hay una confusión enorme. Se baila tan bien técnicamente que podemos llegar a la perfección, pero a mí me falta muchísimo lo «otro» que no es técnica. No sé si nos está pasando como con nuestros niños, que se lo das todo y llega un momento que ni saben ni valoran lo que tienen, y se aburren.
-¿Cómo van a ser sus próximos diez años?
-Me veo bailando porque siempre estaré bailando, con el «kiosco» abierto o cerrado.
-Paco Jarana es su marido y guitarrista de la compañía, ¿sus «gananciales» serían más fáciles si por ejemplo él fuera biólogo?
-Pues no lo sé. Si hubiera sido biólogo a lo mejor tendríamos una nómina todos los meses y otra tranquilidad, o a lo mejor estaría muerta de aburrimiento. Pero para eso tendríamos que hacer una película. Paco y yo muchas veces hablamos sobre ello, pero el destino nos unió y aquí estamos.
TecnoSord
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