El chico sordo, Thomas Weereratna se sentó en la puerta de su casa en Sri Lanka y mirando a su hermana yendo a la Escuela.
El siempre vivía en su casa porque su madre siempre le protegía.
“Me alteraron porque no podía asistir la escuela como otros niños”, comentó Weereratna, “Mi madre estaba muy asustada y preocupada y pudiera hacer daño porque era sordo marginado”.
Pasó un día con su madre Sita en la cocina, siempre viendo a ella en la que estuvo haciendo a cocer en el horno sobre pan y pasteles.
Un panadero consiguió educarse con él en un día en su casa y pudó ocasionar de asistir una educación escolar.
A los 12 años, cada vez menos asistió a la Escuela Primaria Sorda porque su edad era mucho mayor que los demás alumnos.
“Estaba muy nervioso. No deseé salir del hogar. Siempre grité, grité,… y el profesor no soportaba con él”, recordó Weereratna.
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